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Escribir para sanar



Estos años ha sido difícil para todas y todos, sin excepción, el contexto de pandemia nos ha afectado de alguna u otra manera y la expresión de nuestras emociones ha estado en constante vaivén.


La idea de gestar un libro donde nuestra comunidad educativa pueda expresar a través de testimonios su vivencia con la pandemia se basa primeramente en la convicción de que escribir nos puede ayudar a expresar nuestras emociones y así sanar.

En segundo lugar la idea de que las niñas, niños y adolescentes practiquen la escritura a mano es fundamental para el desarrollo del cerebro.

Y por último dejar un testimonio concreto de lo vivido por nuestra comunidad para el conocimiento de futuras generaciones.



FUNDAMENTO


Escribir activa tres regiones del cerebro: el área motora, el área visual y el área cognitiva.

La psicóloga Silvia Cintrano, de Instituto Centta de psicología en Madrid, nos habla que escribir es un gran canalizador emocional, facilita la expresión sin ningún tipo de límite, juicio o restricción, y además nos ayuda a desarrollar la creatividad y la organización de las ideas.

Humberto Maturana dice que somos seres racionales y emocionales; y que estos dos aspectos han de dialogar y estar en equilibrio. Sin embargo, normalmente dejamos demasiado espacio a lo racional, a los pensamientos, como si dándole mil vueltas a la cabeza hasta que echara humo pudiéramos solucionarlo todo.

La inteligencia emocional, un término que hizo popular Daniel Goleman, se compone de cinco elementos:

Autoconciencia Autorregulación , Automotivación Empatía, Habilidades sociales.


Me pusieron en cuarentena personal: ya no podía estar con nadie más. Me preguntaba por qué no podía estar con mi familia. Fue triste: tenía mucha soledad en un cuarto encerrada. No podía jugar con mi hermana. Me llevaron al hospital y sólo había enfermeras vestidas con batas. No estaba nadie de mi familia; tampoco ningún libro ni televisión. Todo lo tenía que hacer sola. Sólo enfermeras alrededor de mí.


Me sentía triste, como una flor muerta, acostada en una cama de hospital incómoda, con mi familia en la casa llorando muchas lágrimas. Yo también lloré. Tenía mucho miedo y ya quería salir. Estaba aburrida y no podía hacer ni música ni gimnasia.


“Era un día normal”

Giovanny Ruiz Lucio, 11 años

Los Ángeles, CA

Futuro ambientalista*


Era un día normal hasta que mi familia y yo miramos las noticias y dijeron que el coronavirus se había extendido y que teníamos que estar en cuarentena para que no hubiera más. Pero las personas no hacen caso porque no les gusta seguir reglas, y ahora el mundo está totalmente infectado con este peligroso virus. Toda mi familia está siguiendo las reglas para que ya no haya más muertos en el mundo.


Lo que yo siento es tristeza porque ya no miro a mis amigos ni estoy en mi escuela, pero también estoy feliz porque las personas no salen a cortar los árboles, las playas están sin gente, y las tortugas y los peces nadan felices por todo el mar. Nosotros tenemos que cuidar nuestra naturaleza porque necesitamos respirar aire limpio. También debemos cuidar a nuestros animales y no tirar basura en la calle.



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